Jr. Daniel Alomía Robles 125, Urb. Los Álamos. Santiago de Surco, Lima, Perú

©2019 by Gonzalo Alegría 

CIRO ALEGRÍA

Mi hermano Ciro es mayor que yo, y siempre me dio la impresión de que me llevaba mucha edad cuando no es así, simplemente ocurre que es adusto, reflexivo y profundo, de forma que siempre está más allá, ensimismado en sus pensamientos, en su arte, en sus reflexiones bastante eruditas y poco usuales. De forma que, siendo niños, él parecía más un “adulto pequeño” que otra cosa. Y ahora, siendo adultos, aunque cordial, correcto y humano, no deja de ser algo intimidante, por su afilado razonar, que tasajea cualquier argumento y disecciona a su interlocutor hasta extirparle esa filosófica esencia de “verdad” que siempre está buscando. Su honestidad intelectual irreductible hace que como Sócrates, mucha gente pida para él la cicuta sin haber hecho nada malo, simplemente en venganza por retar a los mismos dioses con su saber… Yo lo aprecio profundamente, pero lo que es más importante aún, lo admiro honesta y cariñosamente, porque ha sido y será, irreductiblemente racional y no obstante, emotivamente artístico y sensiblemente humano.

 

De niño, Ciro pedía de regalo de Navidad o por su cumple, las cosas más asombrosas: juego de lápices de colores profesional (de dibujante de verdad), pasteles, acuarelas y cartulinas realmente artísticos, un caballete y óleos, un violín, un conjunto de instrumentos de electrónica que nos permitieran investigar (tuvimos una “radio galena” y escuchamos emisoras de todo el mundo en una Lima encerrada en una dictadura militar). Finalmente, pidió un laboratorio químico pero no de juguete, sino con matraz, alambique, tubos de ensayo y demás complementos de verdad. Yo fui su servicial ayudante de laboratorio y siguiendo sus instrucciones, machacaba el carbón con el azufre para formar la pólvora, o colocaba los pétalos de rosa o la esencia de lavanda en el matraz, para regalarle un delicado perfume a nuestra mami, o el que vigilaba la gotita que salía del alambique lenta y remilgosa, como haciéndose de rogar. Limpiacristales con base en vinagre, bombas apestosas, globos de hidrógeno… Realmente jugamos aprendiendo. Parecíamos la ejemplificación en vida, de las Teorías de Ausubel.

 

Además, de adolescente, Ciro fue un excelso poeta. Una pena que nunca haya publicado ni guardado esos bellos poemas llenos de un ritmo clásico, pese a no ser rimados. También fue buen dibujante y pintor, y poco o nada queda de sus obras de esa etapa… Finalmente, tocó y toca violín, siendo miembro de la Orquesta de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pese a su ocupada vida de Decano de Estudios de Posgrado. Actualmente es Decano por segunda vez, ya que fue reelegido. Sus ocho años decanales terminarán en junio de 2020, sino mal recuerdo.

Tiene tres hijos a los que cuidó de forma excelente: Diego (profesor de Lingüística en una Universidad alemana), Gabriel (excelente pintor) y la menor, Alicia, que acaba de terminar Filosofía en la PUCP.  Ciro por su parte, es Licenciado en Filosofía por la PUCP y Doctor en Filosofía por la Universidad de Berlín. Siempre mantuvo con gran esfuerzo a su familia, a la que nunca dejó de apoyar con viajes, libros y formación abundante. Carpintero amateur, hogareño hasta la médula, fue y es, un hombre bueno que comparte sus aficiones con sus obligaciones ocupando pletóricamente su tiempo.

El año pasado (2018) ganó el Premio Nacional de Ensayo (Medalla de Oro del Premio Copé). Ha heredado de mi padre el talento artístico y la profundidad intelectual.  Canoso, flaco, de mirada penetrante y nariz incisiva, cuando te mira, te observa, te escruta, y sabes que todo lo que digas podrá ser cuestionado o refutado casi cartesianamente.

En conclusión: Ciro es un hombre bueno y recto, impecable y honesto, que detrás de la coraza intelectual, guarda un corazón generoso y desprendido. Yo me encuentro entre los pocos que cuando nos reunimos, le ayudo a relajarse conversando naderías y le hago reír.  Él en cambio,  vive aprovechando cada minuto, elevándolo a una potencia tan alta, que marea seguirle. A mi hermano lo quiero y aprecio profundamente, pero lo que es más importante aún, lo admiro honesta y cariñosamente, porque ha sido y será, irreductiblemente racional y no obstante, emotivamente artístico y sensiblemente humano.