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©2019 by Gonzalo Alegría 

DORA VARONA, MI MADRE

(Santiago de Cuba, CUBA, 19 de junio de 1930 – Lima, PERÚ, 7 de marzo de 2018). Mi madre no era una mujer cualquiera. Tenía una extraña combinación de dulzura y garra, sensibilidad y aguante, que la convertía en una mujer creativa y luchadora, capaz de triunfar a la adversidad, a fuerza de inteligencia intelectual y emocional.

 

Pedagoga, literata y periodista, estudió en Santiago de Cuba (su lugar de nacimiento) y Madrid (España, la tierra de sus  ancestros, junto con Italia). De muy joven destacó como una brillante poetisa, ganando diversos premios literarios. Alcanzó el renombrado Premio Adonáis de Poesía en Madrid, en 1956, convirtiéndose en la primera mujer miembro de la Tertulia Literaria de Gerardo Diego.

 

Sus recitales en el Ateneo madrileño, el Instituto de Cultura Hispánica, etc., combinaban belleza, con intelectualidad, magnificados por un refinado arte declamativo (cautivaba al público con la voz y el gesto, sencillos y refinados al mismo tiempo).

 

Uno de sus poemarios fue prologado por su maestro el gran poeta Vicente Alexaindre (Premio Nobel de Literatura 1933).  También conoció y frecuentó a Camilo José Cela (Premio Nobel de Literatura, 1989).

 

Conoció a mi padre en un viaje a Cuba, cuando Ciro Alegría impartía un curso de Técnica de Novela en la Universidad Central de La Habana. Y después de un breve romance, se casaron. Sospecho que ella se enamoró más del portento literario que del hombre, pero en cualquier caso, le amó y respetó profundamente y dedicó gran parte de su viudez, a rescatar su obra inédita, publicándola y difundiéndola por toda Latinoamérica, España y el resto del mundo, favoreciendo más de 70 traducciones de las novelas consagradas: El Mundo es Ancho y Ajeno, Los Perros Hambrientos y La serpiente de oro.

 

Resulta sorprendente, el valor de mi madre para sobreponerse a la repentina muerte de Ciro Alegría. Mi padre falleció, dejándola embarazada de  4 meses, de mi hermano menor, Diego, hijo póstumo que falleció a su vez, a los 14 años, escalando en una excursión escolar en un paraje de la sierra de Lima, conocido como Marcahuasi. Después tuvo que sufrir un largo y cruel juicio para usurparle los Derechos de Autor de mi padre, a ella que era su legítima viuda. Finalmente, abandonó su labor de maestra de escuela para lanzarse a la carrera editorial recopilando y editando la obra inédita de Ciro Alegría, lo que fue todo un éxito, tanto intelectual (literario) como empresarial.